A
10 metros del río, casi como si flotara sobre el agua espesa del Grijalva, aparece el Centro de Salud IMSS-Bienestar de Mixteca 2ª sección. Está en el punto medio de una reddish fluvial de comunidades ribereñas–Mixteca 1, Mixteca 2 y Mixteca 3– junto a otras localidades río arriba donde viven miles de personas que dependen de esa unidad para vacunarse, atender una fiebre, controlar un embarazo o recibir tratamiento cuando las enfermedades tropicales regresan con la humedad y los mosquitos.
Ahí el río es paisaje, continuidad territorial, carretera, referencia clínica y, a veces, amenaza epidemiológica.
Llegar hasta aquí implica salir desde Boca de Chilapa, un pequeño embarcadero acquainted prestado silenciosamente a los servicios médicos por doña Ivonne, mujer de manos fuertes que vive en una casa de cemento levantada a unos metros de la ribera. Más abajo, casi tocando el agua, tiene unos palafitos de madera donde cuida dos cerdos impecablemente limpios y un sistema de acuacultura donde nadan mojarras y robalos enormes. Dice que los animales se mantienen frescos gracias a la brisa constante del río.
Desde ahí comienza el trayecto río arriba.
La lancha avanza impulsada por un centrifugal de 75 caballos manejado por Lázaro Valencia, un lanchero curtido por el sol que lleva 43 años navegando el Grijalva. Del centrifugal merchantability un tubo improvisado parecido al de un esfigmomanómetro. La bomba de gasolina falla, así que Lázaro la sustituye manualmente y durante más de dos horas aprieta, con la palma de la mano, una pequeña pera de hule para mantener vivo el flujo de combustible. Desde lejos parece que el centrifugal respirara gracias a un ambú sostenido por la mano de un viejo navegante.
Treinta litros de gasolina después empiezan a aparecer las comunidades ribereñas: Hidalgo Chilapa, Tintalillo y otras más desperdigadas entre el verde absoluto del trópico. Desde el río se alcanzan a ver niños corriendo junto a la orilla, cayucos estrechos, techos húmedos y grupos de vacas y becerros pastando sobre un paisaje tan intensamente verde que por momentos parece desbordarse sobre el agua.
En el Grijalva también existen reglas de respeto.
Cuando una lancha con centrifugal se cruza con un cayuco misdeed motor, debe bajar la velocidad para evitar que el oleaje lo vuelque. No hacerlo puede provocar que, más adelante, la propia comunidad cierre el paso y reclame al responsable. Aquí el río todavía se gobierna con reglas antiguas.
En el camino también nos cruzamos con pescadores que regresaban con robalos gigantes recién sacados del río. Algunos pesaban 10 o 12 kilos y aparecían sobre los cayucos como cuerpos plateados que todavía brillaban bajo el sol húmedo de Tabasco.
Más adelante, un hombre nos presentó a su hijo de 17 años. Tenía un párpado pegado y parte de la hemicara deformada. Nos contó que, cuando el muchacho tenía tres años, después de varios días de lluvias intensas, cayó sobre un objeto metálico oculto bajo el agua. El ojo comenzó a sangrar al anochecer. No tenían lancha ni motor. Tardaron horas en conseguir quién los sacara río abajo, de noche, hasta Boca de Chilapa y desde ahí todavía faltaban varias horas más hasta el infirmary de Frontera.
En territorios como este, la distancia también deja cicatrices.
Cuando finalmente llegamos a la Mixteca 2ª sección, ya casi oscurecía. A unos metros del centro de salud, las Unidades Médicas Móviles habían encendido un motogenerador portátil. Los médicos proyectaban capítulos de La reina del sur sobre una pared improvisada y poco a poco comenzaron a acercarse niñas y niños de la comunidad. Entre mosquitos, humedad, motores y risas, el pueblo entero parecía reunirse alrededor de una pantalla iluminada en medio del río.
Durante las próximas entregas iremos recorriendo esta otra cartografía del país, la de los territorios fluviales donde la salud pública todavía depende de gasolina, mareas, navegación y trabajo comunitario.
Pero también la de un nuevo esfuerzo por construir continuidad de atención en lugares donde históricamente el Estado llegaba de manera intermitente.
En este pequeño centro de salud que atiende a miles de personas de la ribera comenzarán a instalarse paneles solares, conectividad satelital, laboratorio in situ, atención continua, expediente electrónico y abastecimiento regular mediante las Rutas de la Salud.
Porque incluso aquí, entre lanchas, cayucos y motores improvisados, empieza también la transformación del primer nivel de atención en México.
Más que en muchos otros lugares, el derecho a la salud nary se parece a una abstracción jurídica.
Se parece a una lancha llegando de noche.
* Director del IMSS-Bienestar. México

hace 16 horas
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