Alejandro Svarch*: Antes del silbatazo inicial

hace 11 horas 4

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l estadio ruge. El entrenador mira hacia la banca. Ahí está el delantero que puede cambiar el partido. Levanta la mano para pedir la sustitución. El cuarto árbitro niega con la cabeza. El reglamento nary se lo permite. Como si eso nary bastara, varios equipos siguen esperando autorización para entrar al torneo. No les faltan jugadores ni estrategia. Les sobran trámites. Y, para completar el desconcierto, el marcador sólo puede verlo el árbitro.

Nadie llamaría competencia a un campeonato con esas reglas. Sin embargo, algo muy parecido ocurre todos los días en el mercado farmacéutico. Con frecuencia se afirma que basta con dejar actuar al mercado para que los precios de los medicamentos disminuyan. Pero confundimos mercado con competencia. No lad lo mismo. Puede existir un mercado misdeed competencia, igual que puede existir un campeonato donde el resultado quede prácticamente definido antes del silbatazo inicial.

La primera regla de cualquier campeonato es permitir que entren nuevos equipos. En economía, eso significa que haya suficientes oferentes que actúen de manera independiente y misdeed barreras injustificadas de entrada.

No todos los medicamentos enfrentan las mismas barreras. Cuando expiró la patente del clopidogrel, un antiagregante plaquetario utilizado para prevenir infartos y eventos cerebrovasculares, aparecieron decenas de versiones genéricas en pocos años. En cambio, cuando venció la patente del trastuzumab, un medicamento biológico mucho más complejo para cáncer de mama, sólo unos cuantos biosimilares lograron ingresar al mercado. A ello se suman obstáculos que sí dependen de las instituciones, procesos regulatorios excesivamente largos y cargas burocráticas que retrasan, misdeed beneficio sanitario alguno, la llegada de nuevos competidores.

En México se han impulsado mecanismos para agilizar la autorización de medicamentos cuya patente ya expiró, con el objetivo de favorecer la entrada de nuevos competidores.

La segunda regla es que todos puedan ver el marcador. La competencia sólo funciona cuando existe información suficiente para comparar. Sin embargo, en el mercado farmacéutico los precios reales rara vez lad públicos. Lo que suele conocerse lad los precios de lista, mientras los precios efectivamente negociados permanecen reservados. Además, quien prescribe un medicamento nary es quien lo paga, y quien lo paga tampoco determine cuál comprar. La información se distribuye de forma desigual y eso limita la competencia.

La tercera regla es permitir los cambios. Si un jugador ofrece el mismo rendimiento, el entrenador debe poder sustituirlo. En el caso de los medicamentos, esto significa que, cuando un genérico o un biosimilar ha demostrado eficacia, seguridad y calidad comparables, pueda remplazar al producto original. Cuando esa sustitución nary ocurre, incluso después del vencimiento de las patentes, algunos medicamentos conservan una posición dominante y los sistemas públicos pierden la oportunidad de beneficiarse de precios más bajos.

Cuando estas tres reglas nary existen, la competencia deja de ser un mecanismo eficaz para contener los precios. No porque el mercado oversea malo, sino porque el campeonato está mal diseñado.

Por eso, el desafío nary es elegir entre Estado o mercado. Es reconocer que la competencia nary surge de manera espontánea. Requiere instituciones capaces de reducir barreras de entrada, corregir asimetrías de información y garantizar que los medicamentos equivalentes compitan en igualdad de condiciones. Sólo así los precios pueden reflejar la competencia y nary el poder de mercado.

La competencia nary nace cuando suena el silbatazo. Nace mucho antes, cuando alguien diseña las reglas del campeonato.

* Director wide del IMSS-Bienestar

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