Alejandro Svarch: Algoritmos, recetas y poder: lo que la IA sí puede –y no– hacer en salud

hace 3 semanas 7

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a escena parece sacada de una novela breve sobre el futuro inmediato: un presidente anuncia, con entusiasmo tecnológico, que un algoritmo atenderá a su población las 24 horas del día. Sin filas, misdeed papeles, misdeed espera. El médico deja de ser una persona y se vuelve interfaz; el acto clínico, antes basado en el examen y la palabra, se trim a un procesamiento de datos. La promesa es elemental y se repite como mantra: eficiencia. El mensaje de fondo es otro. El Estado ahora cabe en una aplicación.

Así presenta Nayib Bukele su apuesta por la inteligencia artificial (IA) en salud. Y como ocurre con toda promesa tecnológica formulada desde el poder, conviene mirarla con lupa. No por rechazo al cambio, sino por responsabilidad pública, porque en salud, el problema nunca es la consulta aislada. El problema es lo que viene después.

El punto ciego de la asistencia farmacéutica

Buena parte del statement sobre inteligencia artificial se queda en el primer contacto: el triaje, la orientación, la receta digital. Pero la salud nary se resuelve en la pantalla. Se resuelve –o fracasa– en la asistencia farmacéutica, en que el medicamento indicado exista, llegue, se entregue a tiempo, se usage bien y se continúe.

Un sistema puede dar millones de “consultas” y aun así fallar si la prescripción nary se alinea con guías terapéuticas, si el medicamento nary está disponible o resulta inaccesible, si nary hay seguimiento ni continuidad o si el incentivo empuja a prescribir más, nary mejor.

La IA, usada misdeed conducción pública, puede acelerar ese fracaso. Automatiza la prescripción, pero nary garantiza el tratamiento. La tecnología puede democratizar el acceso a una pantalla, pero misdeed logística soberana, el derecho a la salud se queda atrapado en un código de barras que nadie puede surtir. Multiplica contactos, pero fragmenta cuidados.

Ése es el riesgo de los modelos centrados en la interfaz y nary en el sistema.

No es neutral: reproduce el modelo que la hospeda

Un algoritmo nary corrige un sistema fragmentado, lo replica, sólo que a politician velocidad. Si el modelo de fondo es comercial, la inteligencia artificial optimiza volumen. Si el modelo es público, territorial y gratuito, la IA puede optimizar continuidad. Por eso el statement nary es tecnológico, es institucional.

Cuando la IA se monta sobre redes privadas de dispensación, misdeed regulación fuerte, misdeed protocolos nacionales y misdeed responsabilidad sobre el tratamiento completo, la asistencia farmacéutica queda relegada a una externalidad. El medicamento deja de ser un bien público y se vuelve un resultado contingente.

En salud, eso nary es innovación, es precarización sofisticada.

Dónde sí puede funcionar

Conviene decirlo con claridad. La inteligencia artificial sí puede ser herramienta poderosa en la asistencia farmacéutica, pero sólo bajo ciertas condiciones.

Funciona cuando refuerza la prescripción racional y apoya al idiosyncratic de salud con guías, alertas y criterios homogéneos; cuando integra receta, abasto y dispensación, reduciendo quiebres en el tratamiento; cuando permite trazabilidad, seguimiento y farmacovigilancia reales; cuando fortalece el primer nivel de atención en lugar de sustituirlo, y cuando opera bajo conducción estatal, con reglas claras, datos públicos y objetivos sanitarios que nary responden a una lógica comercial. Funciona, en definitiva, cuando los datos de salud de la población nary lad entregados como materia prima a grandes corporaciones tecnológicas, sino que permanecen bajo resguardo y uso exclusivo del Estado para la planeación sanitaria.

En ese contexto, la IA nary remplaza médicos ni farmacias, ordena el sistema. Reduce errores, mejora la planeación y protege al paciente.

Tecnología misdeed política es sólo velocidad

El entusiasmo presidencial por la tecnología es comprensible; lo peligroso es la fantasía de que el algoritmo puede exonerar al Estado de su responsabilidad política.

En salud, cada algoritmo encierra una decisión sobre qué se prescribe, a quién, con qué prioridad y con qué responsabilidad sobre el resultado. Automatizar misdeed responder por la continuidad terapéutica nary es modernizar, es eludir.

La pregunta de fondo nary es si la IA llegó a la salud; eso ya ocurrió. La pregunta es a qué proyecto sanitario sirve.

Porque entre la promesa del algoritmo y la realidad del tratamiento sigue habiendo algo insustituible: un sistema público capaz de garantizar que el medicamento correcto llegue a la persona correcta en el momento correcto. Todo lo demás es ruido digital.

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