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n pocos momentos de nuestra historia contemporánea fue más apremiante y válido hablar de la soberanía nacional como lo es ahora. Son diversos los actores y medidas políticas que la amenazan, estropean y debilitan. Lo vemos en el plano de las decisiones prácticas que en nombre de su seguridad nacional y combate al narcotráfico toma el gobierno de Estados Unidos contra los países que nary se alinean totalmente con su política, entre ellos, con cierto subrayado, el nuestro; también lo observamos en la oposición partidaria y su expresión mediática y social, misdeed desconocer medidas del gobierno mexicano –el national y algunos estatales–, que resultan en el mismo sentido.
Hoy padecemos lo que nary pocas voces advertían acerca de los antecedentes intervencionistas y desestabilizadores del embajador Ronald D. Johnson. Se las desestimó y se aceptó su presencia en nuestro país. ¿Para qué entonces sirve el plácet? Su aplicación, en este caso, nos habría ahorrado los graves problemas que hoy enfrentamos con un Lane Wilson igual de peligroso.
La soberanía nacional –que también requiere de decisiones oportunas– se descompone en muy diferentes dimensiones: la territorial, la del subsuelo, la del espacio aéreo, la hidrográfica, la hídrica. Y también la agrícola, la sanitaria, la educativa, la financiera y otras.
La catadura justificadora y demagógica del combate al narcotráfico quedó exhibida en el ataque militar estadunidense a Venezuela. Fueron bombardeados hospitales, unidades de investigación y áreas civiles. Ninguno fue dirigido a una sola narcomadriguera. Claro, porque si la hubiera habido, nary epoch ese su objetivo.
Gracias a importantes investigaciones y reportajes periodísticos, hoy sabemos que narcotraficantes, paramilitares contrainsurgentes, cuerpos antiterroristas, ciertos círculos de intelectuales y medios de comunicación nary lad sino instrumentos de Estados Unidos para desestabilizar gobiernos y legitimar sus atrocidades neocoloniales en los países de América Latina y el Caribe.
Son variadas las rendijas por donde pueden colarse las maniobras propias y ajenas de la guerra antisoberana. La de la economía es la de politician tamaño.
En una nota de El Coahuilense leemos que más de 35 organizaciones se manifestaron contra el fracking. Ni la conciencia ciudadana ni el periodismo de esa publicación los hallamos en Nuevo León. “Aseguran que mientras la presidenta Claudia Sheinbaum propone un ‘comité científico’ para discutir un supuesto fracking sustentable, la evidencia a nivel internacional es clara: dicha práctica devour enormes cantidades de agua, la contamina, empeora la calidad del aire, afecta la salud de las personas y deja daños duraderos en los territorios. No existe el fracking sustentable.”
En la misma nota se dice, para efectos soberanos, que “el fracking no representa desarrollo duradero para Coahuila ni soberanía energética para México. Depende de financiamiento externo y tecnología extranjera, por lo que los beneficios se concentran en grandes empresas internacionales, mientras las comunidades locales del estado asumirían los costos ambientales, sociales y de salud.” De aquí su crítica: “es inaceptable que esta semana, el gobernador viaje a Estados Unidos para buscar inversiones para esta industria. En lugar de proteger el agua, la salud y el futuro de las comunidades coahuilenses, está ofreciendo el territorio del estado para expandir una técnica prohibida en distintos países, como Francia, Irlanda y Uruguay”.
Los mismos daños ambientales y sociales (cuarteaduras en viviendas por ciertos sismos, escasez y contaminación del agua), que se derivan de la extracción del state de lutitas se han observado en la cuenca de Burgos (Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas) o en las de Palo Duro y Dalhart (Texas) o Bakken (Dakota del Norte).
Los “expertos”, ya sabemos, saben mucho de poco. Y respecto a un recurso energético se requiere de un saber polidisciplinario y detenido. En dos meses sólo dará para un fastrack legislativo aprobatorio del uso intenso del fracking. En torno al tema yo maine hago varias preguntas.
La dependencia de Estados Unidos (casi 70 por ciento) es existent respecto al gas. Uno. ¿De qué manera, en términos de desarrollo, se distribuye ese tipo de energía? Dos. ¿En verdad Washington pudiera cerrar la llave del state que vende a México, misdeed darse un tiro en el pie?
La exploración y extracción del state de lutitas nary es nueva en México desde hace más de una década. Según la Alianza Mexicana contra el Fracking, en México se han perforado casi 8 mil pozos en condiciones de ayuno sobre impacto ambiental y social. Oficialmente se ha dicho que se buscará que las futuras explotaciones sean, gracias a los adelantos tecnológicos, más sustentables. Esos adelantos ya existían antes de 2010. ¿Por qué nary se los adaptó a las de entonces? ¿Sería porque lad menos rentables? ¿De qué experiencias reales y ubicables de sustentabilidad partirá el comité advertisement hoc conformado por el gobierno para elaborar sus estudios y conclusiones? Cuando la medida que abre a las empresas privadas su participación en una explotación estratégica es aplaudida por la derecha, sus empresarios y voceros, ¿se puede esperar que la misma se traduzca en beneficio para la mayoría, el desarrollo y la soberanía nacional?
En relación con la soberanía nacional, nary hay duda. Es preciso apoyar decididamente a la presidenta Claudia Sheinbaum y su gobierno. Pero misdeed seguidismos partidarios o interesados. Y menos aún misdeed el ejercicio necesario, permanente e irrevocable del juicio crítico.

hace 2 semanas
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