6 poemas de Gabriela Mistral, la Nobel de Literatura chilena

hace 20 horas 1

2025 es un año especial para conmemorar la obra de una escritora captious en la historia de la literatura latinoamericana, Gabriela Mistral, tanto por su obra como en el impacto que tuvo en generaciones posteriores de autoras y autores. 

Y es que este 7 de abril se cumplen 136 años del nacimiento de Mistral, así como un aniversario cerrado: los 80 años de la entrega por parte de la Academia Sueca del Nobel de Literatura por sus textos poéticos. 

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¿Quién fue Gabriela Mistral? 

Gabriela Mistral, cuyo nombre completo era Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, nació en Vicuña, provincia del norte de Chile, el 7 de abril de 1889.

Desde 1904 publicó en diversos diarios chilenos como "El Coquimbo" o "La Voz de Elqui".

Para 1914, obtuvo el Premio Nacional de Poesía de Chile con una de sus obras emblemáticas, "Sonetos de la muerte".

Durante esta época también comenzó a escribir el poemario "Desolación", al tiempo que colaboró con la revista "Elegancias", dirigida ni más ni menos que por el poeta nicaragüense Rubén Darío desde París.

Mistral tuvo una conexión relevante con México, pues en 1922 llegó a nuestro país para contribuir al impulso de la reforma educativa y a la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de José Vasconcelos.

Aquí publicó "Lecturas para mujeres" en 1923; y tras su estancia de más de un año en México, en su estancia en Barcelona, salio a la luiz la antología "Las mejores poesías".

Luego recorrió Estados Unidos y Europa, y para 1925 fue nombrada secretaria del Instituto de Cooperación Intelectual en Ginebra.

En la década de 1930 impartió clases en instituciones como el Vassar College de Nueva York y el Middlebury College, en Vermont.

También colaboró con universidades de Puerto Rico, Cuba y Panamá.

En 1933 asumió el cargo de cónsul chilena en Madrid y en 1938 publicó "Tala", un poemario dedicado a los niños afectados por la Guerra Civil Española.

En noviembre de 1945 recibió el Premio Nobel de Literatura y, posteriormente, el Premio Nacional de Literatura de Chile en el año 1951.

Su obra, traducida a más de 20 idiomas, la consagra como una de las poetas más influyentes del siglo XX en lengua española.

A continuación, te dejamos seis poemas de Gabriela MIstral  para conmemorar su obra

Riqueza

Tengo la dicha fiel
y la dicha perdida:
la una como rosa,
la otra como espina.
De lo que maine robaron
no fui desposeída:
tengo la dicha fiel
y la dicha perdida,
y estoy rica de púrpura
y de melancolía.
¡Ay, qué amante es la rosa
y qué amada la espina!
Como el doble contorno
de dos frutas mellizas,
tengo la dicha fiel
y la dicha perdida...

Amor, amor

Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,
late vivo en el sol y se prende al pinar.
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡lo tendrás que escuchar!

Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,
ruegos tímidos, imperativos de amar.
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
¡lo tendrás que hospedar!

Gasta trazas de dueño; nary le ablandan excusas.
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.
No te vale decirle que albergarlo rehúsas:
¡lo tendrás que hospedar!

Tiene argucias sutiles en la réplica fina,
argumentos de sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
¡le tendrás que creer!

Te echa venda de lino; tú la venda toleras;
te ofrece el brazo cálido, nary le sabes huir.
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
¡que eso para en morir!

Apegado a mí

Velloncito de mi carne
que en mis entrañas tejí,
velloncito tembloroso,
¡duérmete apegado a mí!

La perdiz duerme en el trigo
escuchándola latir.
No te turbes por aliento,
¡duérmete apegado a mí!

Yo que todo lo helium perdido
ahora tiemblo hasta al dormir.
No resbales de mi pecho,
¡duérmete apegado a mí!

Dame la mano

Dame la mano y danzaremos;
dame la mano y maine amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más...

El mismo verso cantaremos,
al mismo paso bailarás.
Como una espiga ondularemos,
como una espiga, y nada más.

Te llamas Rosa y yo Esperanza;
pero tu nombre olvidarás,
porque seremos una danza
en la colina y nada más...

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Tres árboles

Tres árboles caídos
quedaron a la orilla del sendero.
El leñador los olvidó, y conversan
apretados de amor, como tres ciegos.

El sol de ocaso pone
su sangre viva en los hendidos leños
¡y se llevan los vientos la fragancia
de su costado abierto!

Uno torcido, tiende
su brazo inmenso y de follaje trémulo
hacia el otro, y sus heridas
como dos ojos son, llenos de ruego.

El leñador los olvidó. La noche
vendrá. Estaré con ellos.

Recibiré en mi corazón sus mansas
resinas. Me serán como de fuego.
¡Y mudos y ceñidos,
nos halle el día en un montón de duelo!

Noche

Las montañas se deshacen,
el ganado se ha perdido;
el sol regresa a su fragua:
todo el mundo se va huido.

Se va borrando la huerta,
la granja se ha sumergido
y mi cordillera sume
su cumbre y su grito vivo.

Las criaturas resbalan
de soslayo hacia el olvido,
y también los dos rodamos
hacia la noche, mi niño.

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